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viernes, 12 de abril de 2013

El extraño caso de la Entropía 2.0


La entropía lo organiza todo, pero ¿qué organiza la entropía? ¿Quién encendió la chispa primigenia? ¿Qué desató el big bang? Hoy sabemos que la entropía que proviene del sol hizo posible la vida en la tierra, eso sumado a factores totalmente fortuitos como la distancia con respecto al sol y otros planetas, el ángulo de inclinación de la tierra, entre otros factores, es que la vida pudo emerger. Como buenos observadores, cuando encendemos un fósforo, claramente vemos cómo éste poco a poco se va apagando, la entropía (que significa 'no trabajo') provoca que su energía se disipe en el medio y su combustible se agote llevando a dicho fósforo a ser prácticamente inservible. Pero no ocurre lo mismo con el universo, parece que después de semejante explosión, dicha energía siguió un proceso que metafóricamente hablando va desde un fósforo quemado, pasando por un proceso de recuperación de combustible hasta convertirse en un cerillo encendido de forma perpetua, que nunca se apaga. Es así, el universo se encontraba en un estado de no existencia, después explota algo que según estaba condensado y de ahí las estructuras subatómicas formaron cuerpos celestes cuyo combustible alimenta a sus vecinos cercanos, dotándolos de un pretexto para existir. Sabemos que en un medio de cero absoluto no existe vida y tampoco en un ambiente supercaliente porque las estructuras con base en el carbono tienen poca tolerancia al calor.

Nada en el planeta tierra es prescindible. Todo juega un papel importante para mantener las condiciones que permiten la vida. El clima cumple con una serie de tareas que hace posible diferentes escenarios donde crecen diferentes especies de plantas y animales. Los minerales son importantes para formar estructuras de ADN que forman bacterias que al parecer nos provocan daños pero al mismo tiempo liberan sustancias que permiten ciertos procesos químicos que reciclan cuerpos orgánicos. El ser humano es el único factor de ruido en el universo. No tenemos pruebas de que existe vida en otros rincones del universo sin embargo sabemos que existe, la prueba desapercibida es nuestra propia existencia que vuelca la balanza de la estadística hacia la confirmación de dicha cuestión. Pero el ser humano ha dedicado su trabajo a destruir las condiciones que permiten la vida, es un acto de ignorancia pero también tiene un propósito de mantener la percepción de poder de ciertas personas muy estúpidas pero que tienen mucho dinero. La realidad tiene que ser diferente a la que observamos ahora para poder se considerados seres coherentes con el sistema biológico.

Los seres humanos estamos paralizados por el miedo, estamos empequeñecidos por la ignorancia, somos depredadores obesos, no mantenemos un equilibrio con la naturaleza, la comunicación con la vida es disfuncional, no escuchamos a la naturaleza, ésta nos recomienda no vivir en ciertos lugares, no matar cierta cantidad de seres vivos porque pueden desaparecer, no cortar árboles cuya función es la de proporcionar oxígeno sin el cual no vivimos ni 5 minutos. Los sistemas políticos y de poder deberían buscar el equilibrio social, promover el conocimiento de nuestra integración con la naturaleza pero el único objetivo de estos seres basura es la de ganar un dinero que no podrán disfrutar mas que por un período de tiempo que estadísticamente no supera los 80 años. Hay personas que llegan a vivir más de cien años con muy pocos recursos económicos. Hay ejemplos de hombre con mucho dinero y poder que no llegaron a disfrutar lo que provocaron, ejemplos de ello pueden ser Steve Jobs, Hugo Chavez, Hitler, etc. No podemos comprar la vida, ni el tiempo. La entropía de nuestro cuerpo es un proceso doble que al mismo tiempo que le permite crecer y desarrollarse también desgasta nuestros átomos disolviéndose poco a poco hasta perder la capacidad de seguir produciendo todo aquello que nos liga y estructura.

El descubrimiento de lo que implica la vejez nos hará crear métodos científicos para que en este milenio alcancemos un prospecto de vida de casi doscientos años. Eso será posible siempre y cuando logremos integrar nuestro vivir con el funcionamiento de la naturaleza, si no lo hacemos activaremos el poder de preservación del planeta, provocando grandes cataclismos que nos eliminaran poco a poco, inclusive rápida y súbitamente. No podemos contaminar sin esperar que el planeta nos siga permitiendo respirar aire limpio y comida sana, si contaminamos nos veremos a respirar y comer veneno, nuestros cuerpos sucumbirán al cáncer de forma irremediable.

Todo en el universo es cibernético, no debemos ser ingenuos pensando que podemos hacer lo que se nos ocurra, no tenemos un cheque en blanco para hacer lo que nos plazca, entonces deducimos que tenemos un propósito y un deber cuando nacemos, sin embargo hay millones de personas obesas, o que solo se la pasan postradas en la cama viendo programas que los programan para ser infelices y siempre buscar comprar objetos que llenen el vacío existencial que ellos mismos nos han convencido de que existe y andamos arrastrando. Si al nacer fuésemos como el joven Benjamin Button la entropía en realidad no es diferente al proceso que los simples mortales atravesamos. El verdadero proceso contrario seria que de las cenizas surgiera un ser humano adulto y viejo que poco a poco se fuese haciendo joven hasta convertirse en un cigoto y separase en dos células que finalmente desaparezcan en un proceso termodinámico que provoca su disipación con la nube de estructuras subatómicas. En realidad, por donde lo veamos, nosotros atravesamos el mismo proceso, provenimos de la nada y nos dirigimos a la nada.

Si las estructuras que producen estructuras desaparecen entonces el gran esfuerzo del universo por autoconocerse sería en vano. Pero el universo no pone todos los huevos en una misma canasta, de ahí la prueba de que en el universo sí hay vida que cumple con su función, la de conocerse a ellos mismos y mantener un equilibrio con su medio mientras que a través de su inteligencia crean tecnología que les permiten colonizar otros planetas, cosa que es un imperativo para toda raza capaz de transformar al universo, que es lo mismo que aquello que llamamos consciencia.

martes, 9 de abril de 2013

UTROPÍA UTÓPICA ISOTRÓPICA.



Un pequeño concepto tuvo el poder de revolucionar el mundo a partir del siglo XIX, ese concepto nació como un extraño experimento que desató las creencias irracionales de mentes tan brillantes como la de James Clerk Maxwell cuya fascinante invención la denominó “El Demonio de Maxwell”. Dicho nombre estaba inspirado en su absoluto asombro al observar las leyes que tanto defienden los científicos totalmente violadas. Lo que observó es tan sencillo de explicar como decir que lo caliente se calentaba cuando se ponía en presencia de algo frío, entonces la diferencia de temperatura no producía un equilibrio entre las dos  diferencias sino que ocurría todo lo contrario. A ese fenómeno lo llamó Entropía, sabiendo de antemano que no había utilizado la etimología correcta, porque su intención era describir un fenómeno que tendía a energía 0, lo que hoy llamamos el cero absoluto, aquello que no tiene movimiento molecular. 

El verdadero concepto que quiso acuñar era el de Utropía debido a que la traducción literal de su investigación era la de explicar aquello que “no trabaja” o no “produce movimiento”. El único concepto disponible en la época era uno muy literal, el de Utopía, aquel lugar que no es lugar porque las leyes de la psicología no corrían en la orientación natural, sin embargo, todo funcionaba correctamente, eficientemente, justo como debía de ser. Esa poesía se soslaya con la teoría de Maxwell, sus conceptos nos permitieron explicar cómo se formó todo en el universo. En lugar de que el universo se enfriara después del Big Bang y su energía se disipara sucedió todo lo contrario, se formaron estructuras tan fascinantes, estrellas autopoiéticas, cuya luz, fuerza y energía emanan de la misma energía que produce, es un cuerpo de movimiento perpetuo, es un ser cibernético, es nuestro sol y el sol de muchos sistemas a lo largo y ancho de este isotrópico universo. 


El universo es isotrópico porque las estrellas, todas, tienen la misma estructura, cumplen con las mismas leyes, violan las mismas leyes. Así también, nuestro planeta no es el único en el universo capaz de albergar vida, hay tantas posibilidades en el universo como se nos antoje pensar. no debemos ya seguir dudando si habrá o no vida en otros planetas porque sí la hay, la prueba es que la hay en este planeta en que vivimos, por lo tanto, a la pregunta de ¿Hay vida en el universo? La respuesta es un rotundo sí. La razón es que si algo nos pasa a nosotros, el universo tiene que seguir existiendo y sin nosotros el universo tampoco existe. Somos los ojos del universo, el Universo se conoce a sí mismo a través de nuestra mente organizada por estructuras nerviosas que no son más que luz organizada, luz que proviene desde los orígenes del universo y que al tener estructura mediante procesos cibernéticos de acumulación de entropía. 

Debemos vivir nuestra existencia contemplando el Universo, esa es nuestra única función. Si no lo hacemos empezamos a sufrir porque perdemos nuestro sentido, significado y propósito. Si destruimos a la naturaleza nos destruimos a nosotros porque nuestra relación con ella es tan íntima como lo es el sistema circulatorio con la respiración y el oxígeno. Toda actividad que busque cumplir objetivos económicos o sociales como el ostentar jerarquías, rangos o poder es totalmente fútil, irracional y antinatural. La razón es que todos dejaremos de existir en algún momento, la vida es breve y no tenemos pruebas de que volvamos a tener otras oportunidades, por lo menos nuestra configuración jamás se podrá reensamblar de tal forma que en otra vida seamos como fuimos y lo recordemos. No habrá una continuidad a pesar de que todos nuestros átomos que una vez nos conformaron vuelvan a conformar otro ser humano. Es por eso que hay que estar muy conscientes de nuestra actividad, respetar y honrar nuestra misión. Solo así nuestra única vida tendrá un final feliz. 

sábado, 16 de marzo de 2013

¿Todo tiene (un) fin?

Es curioso que hayamos alcanzado este nivel de sofisticación como civilización si tomamos en cuenta que al pensar que todo lo que nos proponemos no tiene ningún sentido dado que el resultado de nuestro andar es la disolución biológica de nuestro cuerpo y la incorporación de nuestro espíritu a la incertidumbre. ¿Qué sentido tiene hacer o decir algo si todo termina irremediablemente y nunca nunca podremos recuperar la experiencia de esta vida en un momento posterior? ¿Bajo qué preceptos hemos desafiado la entropía carroñera que todo lo disuelve? Inclusive resulta tedioso, aburrido y encadenante para la mayoría de los mortales estar con una sola persona y compartir la experiencia de ser testigos presenciales y flagrantes de una vida sin sentido. ¿Es posible que el principio del placer por sí mismo haya cimentando nuestra realidad configurándola de tal forma que parece que vivimos buscando objetivos sublimes, trascendentales y metabiológicos? La respuesta es si. Porque la mayoría de la población en todas las etapas de la civilización han vivido, trabajado, soñado y luchado solo para vivir una experiencia placentera ya sea a través del sexo, de la comida, del amor, de los lujos, del acaparamiento, del reconocimiento ajeno y del poder. De forma aparte, esa mayoría que también resulta pertenecer a la categoría de las personas ignorantes han justificado o enmascarado sus verdaderos impulsos aduciendo a un supuesto "amor" por su pareja e hijos al mismo tiempo que su objetivo principal es la expiación de sus pecados mediante la fe y el autosacrificio de tal forma que salvará su alma y logrará la promesa de la vida después de la vida. Pero la fe se sostiene sobre sí misma, no hay pruebas de qué algo llamado karma, reencarnación exista. Tampoco hay pruebas de que un lugar como el cielo o el infierno tengan materialidad real. La Iglesia moderna explica sus creencias con base en el materialismo concreto, jamás nadie, ningún miembro de la Iglesia ha hecho referencia al constructivismo del que somos hijos.

Entonces es abrumador e impresionante pensar que el único concepto para explicar semejante avance tecnológico y técnico se deba al autoengaño, pone la piel de gallina. Nuestra civilización muestra su verdadera cara gracias a la entropía: nuestros edificios se deterioran, nuestras máquinas se descomponen, la gente se suicida, asesina, lastima y lesiona a sus semejantes, las personas se dividen creando países, religiones que después se vuelven antagónicos y se embarcan en cruzadas, guerras santas y preventivas. Esta claro que la verdadera religión de Los Estados Unidos es la guerra, su verdadero dios el petróleo y la única doctrina el sometimiento de los pueblos. Curiosamente son los más desvergonzados al poner el nombre de dios hasta en la sopa, su fanatismo extremo extirpa con fórceps su verdadero rostro del resto del mundo. Pero todo termina. Los países ricos se vuelven pobres. Las personas se aburren de sus parejas. Los hombres pierden la fe. Los edificios colapsan. Los recursos naturales se acaban, el dinero desaparece y al final, la vida acaba. Entonces nuestra civilización es un zombi, un muerto viviente, decadente, mundano, putrefacto.

¿Como se vería una civilización congruente? Primero que nada, nosotros mismo deberíamos pensar mucho mucho antes de tener un hijo, sin embargo, la gente más pobre por ignorancia tiende a reproducirse como si fueran millonarios y necesitaran de una prole inmensa para dejarles sus abundantes recursos. En el reino animal se cumplen ciertas reglas de control de la población para garantizar la subsistencia de TODOS, si estas reglas no se cumplen TODOS sufren la extinción. QUE MIS PALABRAS NO SIRVAN PARA JUSTIFICAR METODOS DE REDUCCION DE LA POBLACIÓN, TODOS TENEMOS DERECHO A VIVIR Y MORIR DE FORMA NATURAL.

Los seres humanos debemos actuar apegados a las reglas de la naturaleza, debemos ser moderados en nuestra reproducción por el simple hecho de que estamos en el primer puesto de la cadena alimenticia, no tenemos quién controle nuestra población, lo han intentado como lo hizo la doctrina Nazi, los que arrojaron la bomba atómica, etc. Pero los estigmas de esa psicosis nos persigue hasta el día de hoy como ácido en los ojos. Otra de las características de una civilización madura sería nuestra integración con la naturaleza, nuestro aire estaría limpio, el agua seria potable en todo el mundo, la comida seria abundante y libre de pesticidas. En algún momento tuvimos un planeta así pero eran momentos que solo a través de la esclavitud logramos impulsar el avance tecnológico hasta el momento actual. Si en tan solo cien años hemos devorado un patrimonio que debería durar hasta que el planeta muera dentro de millones de años, imaginemos lo que le depara a la generación que acaba de nacer en esta década.

Sin embargo todo se acaba, y cuando se acaben los recursos o el dinero para comprarlos entonces habrá una corrección, una vuelta al origen, así lo dicta la cibernética. Muchos moriremos, y las ciudades de hormigón y acero desaparecerán de tal forma que los arqueólogos modernos jamás podrán encontrar ni un solo tornillo para probar los que serán los mitos y leyendas de una Atlántida moderna, de una Sodoma y Gomorra posmoderna y contemporánea. Todo tiene fin pero ¿Tiene todo UN fin? La finalidad de todas las cosas que hacemos es vivir una experiencia que forme un espíritu que seguramente nos servirá para algo más en un lugar lejano, en una realidad que sí existe.